BRUS
En el campo de la arquitectura, el aumento de agentes que han pasado a controlar aspectos que antes era exclusivo de los arquitectos ha sido entendido con frecuencia como una agresión. La progresiva mercantilización a que se ha visto sometida nuestra actividad -similar a la del resto de las disciplinas culturales- para quienes comparten esta visión sólo puede conducir a una patética banalización de la misma. Los materiales de consumo, conformados industrialmente, sin aura, ejemplifican este tipo de elementos dudosos para el arquitecto clásico.
El presente escrito intenta demostrar analizando un par de edificios -Ábalos-Herreros, Calderón-Folch y apoyándose en las obras y discursos de algún artista -Eulàlia Valldosera- y ensayista -Slavoj Zizek- como otras vías de expresión son posibles.